¿Sabes qué es la ANTIDIETA? (II)
¿Eres una de esas personas que andan en busca de una manera de vivir que les permita bajar de peso de una manera sensata? ¿Y no volver a recuperarlo? ¿Y cons
eguir todo eso sin renunciar a ninguno de los placeres de comer? Si has respondido afirmativamente a estas preguntas, ya puedes ir abandonando la búsqueda, porque ésa es, precisamente, la información que encontrarás en este libro, información que representa la culminación de más de quince años de estudio intensivo de la relación entre lo que comemos y el estado de nuestro cuerpo.
La antidieta da resultados permanentes. Al seguir sus principios dejarás de «vivir para comer», y empezarás en cambio a «comer para vivir». Quizá te parezca que comer estupendamente, no contar calorías, no poner candado a la nevera y no hacer dieta, son sueños imposibles, pero deja que te aseguremos que no es ningún sueño: la cosa funciona.
Lo que es completamente nuevo y diferente en este programa, es que LO IMPORTANTE NO ES SÓLO LO QUE SE COME, SINO TAMBIÉN CUÁNDO Y EN QUÉ COMBINACIONES SE LO COME.
La antidieta es un sistema seguro y equilibrado, que se basa en las leyes fisiológicas naturales y en los ciclos del cuerpo humano. Y porque se basa en leyes naturales, funciona para todo el mundo. En la vida todo está regulado por las leyes físicas y naturales.
LA REDUCCIÓN SEGURA Y PERMANENTE DE PESO, SE RELACIONA DIRECTAMENTE CON LA CANTIDAD DE ENERGÍA VITAL DE QUE DISPONEMOS, Y CON EL USO EFICIENTE DE DICHA ENERGÍA PARA LA ELIMINACIÓN DE DESECHOS (EXCESO DE PESO) DEL CUERPO. Cuanta más energía se libera, más peso se pierde. La antidieta ha sido diseñada no sólo para rebajar de peso, sino también para resolver la crisis de energía por la que pasan muchas personas como resultado de estar continuamente interfiriendo con el adecuado funcionamiento del cuerpo. Aunque el lector no quiera perder peso, si sigue este programa sentirá inequívocamente un significativo aumento de energía.
El doctor Ralph Cinque, del «Hygeia Health Retreat» de Yorktown, Texas, escribe en el Health Reporter: «Los norteamericanos nos hemos acostumbrado a la corpulencia, pero este lamentable estado no es universal. Virtualmente, todos los pueblos longevos del mundo, desde el Asia a Sudamérica y a Nueva Zelanda, tienden a ser delgados. En los Estados Unidos, las estadísticas de las compañías de seguros demuestran que las mejores cifras en cuanto a salud, longevidad y ausencia de enfermedades degenerativas se encuentran entre las personas que están un 15% por debajo de los estándares convencionales de peso, ya que lo que se considera normal en cuanto al peso corporal es excesivo, si se lo evalúa en función de los estándares sanitarios actuales».
Dice Joy Gross, en su libro Positive Power People: «La vida se basa en leyes sobrecogedoramente inmutables. Ignorarlas no libra a nadie de las consecuencias de no aplicarlas o de infringirlas».
LAS DIETAS NO FUNCIONAN
Hacer dieta es un proceso que se encuentra entre las experiencias más ineficaces y más curiosas del ser humano. Es una búsqueda, frecuente y estéril, que crea el exceso de estrés y el trastorno emocional que tan bien conocen quienes la hacen.
Hacer dieta para compensar el exceso de tolerancia es como correr a echar llave a la puerta del garaje, cuando ya se han llevado el coche. Los planes dietéticos son una forma sumamente cara de perder peso, y muchas veces su coste real es el bienestar de la persona. La antidieta no es dejar de comer, sino una nueva manera de comer.
LA HIGIENE NATURAL
Es una forma de enfocar el cuidado y el mantenimiento del cuerpo humano. Todo lo que hay que hacer es alterar los hábitos de alimentación.
Cuatrocientos años antes de Cristo, Hipócrates enunció con toda precisión su punto de vista al decir: «En tu alimentación está tu curación».
Decía el doctor Herbert M. Shelton: «Las leyes de la naturaleza, las verdaderas del universo, los principios de la ciencia, son tan ciertos, tan fijos y tan inmutables en relación con la salud como en relación con cualquier otra cosa. La higiene natural es aquella rama de la biología que investiga y aplica las condiciones de las cuales dependen la vida y la salud, y los medios por los cuales esta última se sostiene en toda su virtud y pureza, y se restablece cuando se ha perdido o está menoscabada».
El doctor T.C.Fray, decano del American College of Health Science y brillantísimo defensor de la salud, afirma que: «La higiene natural está en armonía con la naturaleza, de acuerdo con los principios de la existencia vital y orgánica; es científicamente correcta, coherente en sus principios éticos y filosóficos, acorde con el sentido común, de comprobado éxito en la práctica, y una bendición para el género humano. Su credo es: “Sólo una manera sana de vivir produce salud”».
Pero qué significa «higiene natural». La palabra higiene significa limpieza, y natural alude a un proceso no obstaculizado por fuerzas artificiales. EL FUNDAMENTO BÁSICO DE LA HIGIENE NATURAL ES EL HECHO DE QUE EL CUERPO ESTÁ LUCHANDO CONTINUAMENTE POR MANTENER LA SALUD, Y DE QUE LO LOGRA LIMPIÁNDOSE CONTINUAMENTE DE DESECHOS NOCIVOS. Se trata de un enfoque orientado a entender el efecto que tiene la alimentación sobre la duración y calidad de la vida, y centrado en la prevención y en la vida sana. Más que a combatir constantemente los efectos de una continua violación de las leyes naturales, enseña a eliminar la causa de los problemas.
La esencia de la higiene natural es la propia capacidad del cuerpo para autodepurarse, autocurar
se y automantenerse. La higiene natural se basa en la idea de que todo el poder de curación del universo se encuentra dentro del cuerpo humano; de que la naturaleza es siempre correcta y no admite que se la mejore. Por consiguiente, la naturaleza no tiende a desvirtuar ninguna de sus propias operaciones. Sólo tenemos problemas de mala salud (por ej, exceso de peso, dolor, estrés) cuando violamos las leyes naturales de la vida.
Con el correr del tiempo, el ser humano ha ido haciendo cada vez menos caso a sus instintos, hasta terminar por no advertirlos siquiera.
El instrumento más importante es el cuerpo humano, y la inmensa inteligencia que lo dirige. El cuerpo humano tiene que ser la creación más estupenda de la naturaleza; su poder, su capacidad y su adaptabilidad no tienen igual. La inteligencia inherente a nuestros cuerpos es de tal magnitud, que literalmente da vértigo. El corazón humano late unas cien mil veces cada veinticuatro horas. Considere que el corazón y su sistema de bombeo, que los científicos han intentado reproducir sin éxito, bombea 5,5 litros de sangre a través de más de 154 000 kilómetros de vasos sanguíneos, que equivale a bombear 23 940 litros por día; y ello significa casi 437 millones de litros en sólo cincuenta años.
Los 5,5 litros de sangre están hechos de más de 25 billones de glóbulos que cada día hacen entre tres y cinco mil viajes por todo el cuerpo. Y a cada segundo se producen ¡siete millones de glóbulos sanguíneos nuevos! Este sistema de bombeo tiene la capacidad de trabajar sin descanso durante décadas, sin saltarse un latido. ¡Y esto es sólo el sistema circulatorio!
Considere el calor que debe generar esta máquina para cumplir sus funciones y, sin embargo, mantiene una temperatura constante de alrededor de 37 grados centígrados. El órgano más grande del cuerpo, la piel, cuenta con más de cuatro millones de poros que continuamente actúan como sistema de refrigeración del motor. Los sistemas digestivo y metabólico tienen la notable capacidad de transformar la comida que ingerimos en sangre, huesos y estructuras celulares. Se mantiene siempre un equilibrio perfecto, que se destruiría si el sistema se desconectara incluso por un tiempo brevísimo. Los pulmones consiguen proporcionar a la sangre el oxígeno que necesita. Un complejo sistema óseo proporciona la armazón que permite al cuerpo mantenerse erguido y andar, y trabaja en armonía con un extraordinario sistema muscular que posibilita la locomoción.
Sorprendentemente, ¡esta máquina es capaz de reproducirse! La fuerza y la sabiduría necesarias para convertir un óvulo fecundado en un hombre o una mujer adulta, son algo que excede nuestra comprensión. Sólo los cinco sentidos bastan para dejar atónito al intelecto. La lista de actividades que el cuerpo lleva a cabo regularmente podría llenar un libro. Y este pináculo de perfección culmina en el cerebro, que supervisa todas estas actividades maravillosas, asegurándose de que todo funcione con una precisión que haría parecer burda la obra del mejor de los maestros relojeros. El cerebro está formado por más de 25 mil millones de células, que se cuentan entre las más desarrolladas que se conoce.
Mirar una célula individual, es aún más impresionante. Una célula no se puede ver sin un microscopio, y sin embargo, lo que sucede en el interior de una célula es asombroso. Se dice que la sabiduría de una sola célula excede todo el conocimiento acumulado hasta hoy por la raza humana. Incluso la célula más pequeña de nuestro cuerpo tiene aproximadamente mil millones de veces el tamaño del más pequeño de sus componentes. La célula es la sede de más reacciones químicas que todas las fábricas combinadas de productos químicos del mundo. Hay miles de componentes en una célula: cromosomas, genes, ADN, organelas, mitocondrios, enzimas, hormonas, aminoácidos y miles de sustancias y compuestos, demasiado numerosos para mencionarlos. Y no hay nadie en el mundo que pueda explicar qué es lo que hace funcionar a una célula. Es posible clasificar todos los miles de funciones diferentes, pero la fuerza que hay detrás de ellas trasciende nuestra comprensión. En otras palabras, la inteligencia innata del cuerpo es infinitamente más compleja que nuestra mente pensante. ¡Y pensar que hay más de 75 billones (75 000 000 000 000) de estas células asombrosas que funcionan con impecable perfección durante sesenta, setenta, ochenta o más años!
Dentro de cada célula hay un núcleo que contiene cromosomas integrados por genes. Y dentro de los genes ESTÁ LA SUSTANCIA DE LA VIDA: EL ADN. El ADN es lo que determina el color de los ojos, o la fragancia de una flor, o la iridiscencia de las plumas de un pájaro. Si tomáramos todo el ADN de todos los genes de nuestros setenta y cinco billones de células, entrarían en una caja del tamaño de un cubito de hielo. Y sin embargo, si todo ese ADN se desenmarañara y se ordenara, formaría una cuerda capaz de llegar de la Tierra al Sol, ida y vuelta, más de cuatrocientas veces. ¡Eso equivale a casi 130 mil millones de kilómetros!
Nos valdremos de una analogía para que el lector pueda entender la magnitud de las cifras de que hablamos, y las proporciones titánicas de la cooperación necesaria para coordinarlas. Consideremos que la Tierra tiene aproximadamente cuatro mil millones de habitantes. Pues bien, es evidente que sería difícil imaginarse siquiera a unos cuantos millones de ellos reunidos para colaborar armoniosamente en todas las cosas. Si eso parece difícil, imaginémonos a los cuatro mil millones de habitantes del planeta actuando al unísono. Por imposible que parezca, es nada si se lo compara con el funcionamiento interno del cuerpo. Imaginemos dieciocho mil Tierras, cada una de ellas con sus cuatro mil millones de habitantes, y que actuaran al unísono hasta el último de ellos. Todos tienen las mismas ideas políticas, las mismas creencias religiosas y los mismos postulados intelectuales, y todos se esfuerzan por conseguir exactamente los mismos objetivos. ¡Vamos! Hay más probabilidades de que la Luna esté hecha de queso. ¡Pero eso es precisamente lo que hacen, día tras día, los billones de células de nuestro cuerpo!
Una célula humana es el laboratorio, libre de toda influencia del cuerpo, se dividirá unas cincuenta veces antes de morir. Si todas nuestras células se dividieran con esa frecuencia, llega
ríamos a tener unas proporciones y un peso increíbles. Sólo con comparaciones tan alucinantes como éstas es posible hacerse alguna idea de la inteligencia infinita que es necesaria para coordinar las actividades de un número astronómico de células.
Como último ejemplo, imagínese el lector escribiendo una carta sumamente importante al mismo tiempo que mira su programa de televisión favorito y escucha la grabación de una clase. ¿De qué manera se desempeñaría en cada una de estas funciones? Probablemente, no demasiado bien. Piense ahora que, al mismo tiempo, tiene que prepararse la comida y fregar el suelo. Nada, imposible. El intento de hacer estas cinco cosas al mismo tiempo no deja margen para que ni una sola de ellas se haga con un mínimo nivel de eficiencia. Y no son más que cinco actividades. ¡Nuestro cuerpo realiza miles de billones de procesos durante las 24 horas del día! No millones, ni miles de millones, sino miles de billones, y no al azar, sino con absoluta perfección, llevando a cabo todos los procesos metabólicos y vitales que aseguran nuestra existencia. Cuando consideramos la vastedad de las funciones y procesos del cuerpo humano, nos abruma la inteligencia enorme que en ellos se manifiesta.
Considerando estos hechos, ¿es concebible que esta máquina, verdaderamente magnífica, no tenga el mecanismo necesario para mantener el peso corporal adecuado? No, no es concebible. El cuerpo tiene incorporados desde el nacimiento los mecanismos de autopreservación necesarios. ESTAR SANOS ES NUESTRO PATRIMONIO NATURAL, Y TENER UN PESO EXCESIVO ES NO ESTAR SANO. Igual que una planta buscará siempre la fuente de la luz, sea cual fuere el lugar de la habitación donde se encuentre, así nuestro cuerpo pugnará siempre por la perfección. Como proceso biológico de la existencia, tan automático como la respiración o el parpadeo, el cuerpo humano se esfuerza incesantemene por estar en forma. El secreto está en aprender a facilitárselo, en vez de dificultarle las cosas. Todas nuestras formas de interacción con el medio afectan nuestro bienestar, pero en ningún otro aspecto de la vida violamos nuestras necesidades biológicas de manera más flagrante que en el de la dieta. Desde todos campos de las profesiones médicas se va aportando cada vez más luz en lo referente al conocimiento de la relación entre alimentación y bienestar.
La carta del doctor David Reuben a sus colegas, que aparece en su libro «Todo
lo que usted siempre quiso saber sobre la nutrición», dice:
«Hay toda una categoría de sustancias que tienen sobre nuestros pacientes un efecto mucho más intenso que los fármacos. Esa categoría es la comida y, aunque sin culpa alguna por nuestra parte, se trata de un dominio de la medicina que hemos descuidado. Estuvo descuidado durante nuestra formación, durante nuestros internados y durante nuestra residencia. Y con buenas razones: teníamos que atender grandes cantidades de enfermos.
«Pero ahora se está haciendo evidente, en cada una de nuestras publicaciones médicas más responsables, que muchos de esos “enfermos” lo están, específicamente, por causa de lo que comen... o de lo que no comen. «...la mayor amenaza a vuestra supervivencia y a la de vuestros hijos no es ninguna arma nuclear terrible. Es lo que vais a comer esta noche en la cena».
En el libro «Objetivos dietéticos para los Estados Unidos», preparado por el equipo de la Comisión de Nutrición y Necesidades Humanas del Senado de Estados Unidos, se expresa: «Los problemas jamás pueden ser resueltos intensificando simplemente la atención médica. La salud de los individuos y la salud de la población están determinados por diversos factores biológicos, de conducta y ambientales. ¡Ninguno de ellos es más importante que lo que comemos! (CONTINUARÁ)

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