LOS CICLOS NATURALES DEL CUERPO
¡La mayoría de las personas ni siquiera se han enterado de que existen! Sin embargo, los ciclos fisiológicos han sido estudiados ampliamente. La capacidad humana para procesar sus alimentos se funda en el funcionamiento eficaz de tres ciclos regulares cotidianos.
Estos ciclos se basan en funciones corporales bastante obvias. Para expresarlo con la mayor simplicidad posible, digamos que diariamente ingerimos alimentos (apropiación), absorbemos y usamos parte de ellos (asimilación) y nos libramos de lo que no usamos (eliminación). Aunque cada una de estas funciones está, en alguna medida, continuamente en marcha, cada una de ellas se intensifica durante ciertas horas del día.
Nuestros ciclos corporales pueden llegar a resultarnos evide
ntes con sólo prestar atención a cómo actúa nuestro cuerpo. Es obvio que comemos (nos apropiamos) durante las horas de vigilia, y si postergamos la hora de la comida, el hambre tiende a ir en aumento a medida que transcurre el día.
Cuando dormimos y el cuerpo no tiene que hacer ningún otro trabajo manifiesto, está asimilando lo que tomó durante el día. Por la mañana, cuando nos despertamos, tenemos «mal aliento» y, en ocasiones, la lengua sucia porque el cuerpo está en mitad del proceso de eliminación de lo que no fue usado, de los desechos corporales.
¿Habéis notado alguna vez lo que sucede cuando cenáis tarde? Cuando os despertáis os sentís atontados, como «drogados», porque se ha interrumpido el ciclo de asimilación, que se produce después de que la comida ha salido del estómago. Fisiológicamente, nuestro cuerpo quiere comer temprano por la noche, de manera que puedan pasar por lo menos tres horas, el tiempo necesario para que la comida salga del estómago, y el ciclo de asimilación pueda empezar a su hora. Como los alimentos no han sido digeridos, porque habéis cenado muy tarde, no están listos para ser asimilados. Habéis extendido el ciclo de apropiación mucho más allá de sus límites, y habéis postergado el ciclo de asimilación extendiéndolo hasta la hora en que el cuerpo quiere estar eliminando. Los ciclos regulares de ocho horas se han alterado. Como se ha obstaculizado el funcionamiento natural del cuerpo, uno se despierta sintiéndose «drogado». De la misma manera, si uno se salta alguna vez el desayuno, lo más probable es que aguante hasta el almuerzo, porque el cuerpo estaba eliminando, y no quer
ía comer. Sin embargo, pasarse de la hora del almuerzo sin comer sería incómodo, porque entonces el cuerpo ya habría entrado en el ciclo de apropiación y estaría preparado para aceptar alimento.
Este programa ha sido pensado para que el lector vuelva a un estilo de vida basado en los ciclos naturales del cuerpo. A medida que avancemos y estéis más familiarizados con los principios que constituyen la base del programa, se hará cada vez más evidente la utilidad de los ciclos corporales. Si se facilita este ciclo en vez de obstruirlo, está prácticamente garantizado el éxito: podremos liberar el cuerpo esbelto que todos llevamos dentro.
Hemos venido alimentándonos y usando la parte que necesitamos de esos alimentos, pero no nos hemos ido deshaciendo de lo que no podemos usar. Se dedica mucho más tiempo a la apropiación que a la eliminación
TEORÍA DEL
DESEQUILIBRIO METABÓLICO
El primero en escribir sobre la toxemia —el desequilibrio metabólico— fue el doctor John H. Tilden. El cuerpo humano está minuciosamente diseñado para mantenerse en equilibrio, en lo que se refiere a construcción de tejidos (anabolismo) y destrucción de tejidos (catabolismo). El exceso de una de estas funciones sobre la otra constituye el desequilibrio metabólico.
En 1926 el doctor Tilden escribió un libro, «La explicación de la toxemia», en el que explicaba qué estaba mal, por qué estaba mal, qué había que hacer al respecto y cómo hacerlo. La toxemia provoca el peso excesivo, mientras que mantener el sistema libre de toxinas ayuda a mantener un peso corporal cómodo, pues los excesos de toxinas con los precursores de la obesidad.
Según la higiene natural, la toxemia se produce de dos forma
s. Una es la función normal y natural del cuerpo; la otra, independientemente de que lo sepamos o no, contribuimos regularmente nosotros mismos. Para hacerlas desaparecer del cuerpo, ambas exigen energía.
La primera causa de toxemia es el propio proceso de metabolismo. Mientras estás leyendo esta página, tu organismo no está ocioso; está ocupadísimo. Constantemente va reemplazando las células viejas por otras nuevas. En realidad, se reemplazan de 300 a 800 mil millones de células por otras nuevas, en un solo día . Esas células viejas son tóxicas (venenosas) y deben ser retiradas del sistema tan pronto como sea posible, mediante una de las cuatro vías de eliminación: los intestinos, la vejiga, los pulmones o la piel. Se trata de un proceso normal y natural del cuerpo, no de algo por lo cual hayamos de preocuparnos, a menos que por alguna razón ese material tóxico de desecho no se elimine con la misma rapidez con que se produce. Mientras haya suficiente energía a disposición del cuerpo, estos desechos son eliminados.
La segunda forma en que se produce la toxemia en el sistema es a partir de los subproductos de alimentos que no han sido adecuadamente digeridos, asimilados e incorporados a la estructura celular. En lugar de una cantidad suficiente de alimentos frescos como parte dominante de nuestra dieta, la mayor parte de lo que comemos está procesado. Y si no lo está antes de llegar a manos del consumidor, ya se ocupa este mismo de alterarlo de alguna manera. Casi todo lo que se come ha pasado por algún procedimiento: fritura, parrilla, hervor, cocción al vapor, salteado o guisado. Como los alimentos han sido modificados a partir de su estado natural, y el organismo humano no está biológicament
e adaptado para digerir tales cantidades de comida así alterada, los subproductos de esa digestión y asimilación incompletas forman en el cuerpo cierta cantidad de residuos. Los residuos son tóxicos. Si este tipo de alimentos PREDOMINA en la dieta, el sistema se ve regularmente sobrecargado de trabajo.
Entonces, la toxemia se da diariamente en el cuerpo de dos maneras: mediante el proceso normal del metabolismo, y por obra de los residuos que quedan de los alimentos ineficazmente utilizados. El sentido común nos dirá que si se generan más residuos tóxicos de los que se eliminan, se producirá una acumulación del exceso, que dará como resultado el sobrepeso. El problema se agrava porque las toxinas son de naturaleza ácida. Cuando hay acumulación de ácidos en el cuerpo, el sistema retiene agua para neutralizarlos, y esto aumenta más aún el peso y el abotagamiento.
Si su cuerpo produce diariamente más desechos tóxicos de lo que elimina, tendrá que almacenarlos en alguna parte. Siempre atento a protegerse y a mantener su integridad, el cuerpo tiende a no almacenar esos desechos en los órganos vitales o en sus inmediaciones: los almacenará en el tejido adiposo y en los músculos. Eso quiere decir en los muslos, en las nalgas, en la cintura, en los brazos, bajo el mentón... en todos esos lugares cuya deformidad más lamentamos. Si el problema no se controla, el resultado final es no sólo la obesidad, sino una incomodidad general y una sensación de letargo, ya que el cuerpo necesita gastar gran cantidad de su energía en el intento de liberarse de esta acumulación de toxinas.
Por más que parezca que el problema escapa del control individual, no es así. Es un simple fenómeno fisiológico, no un misterio. Tras haber entendido esto, salta a la vista la importancia suma de permitir que el ciclo de eliminación opere en forma ininterrumpida y con un máximo de eficacia.
EL PRINCIPIO DE LOS ALIMENTOS
CON ALTO CONTENIDO DE AGUA
Como requisito indispensable para la vida, el agua ocupa un lugar tan importante como el alimento y el aire. Desde que nacemos hasta que abandonamos la existencia, nuestro cuerpo siente una avidez instintiva de alimento, aire y agua que le aseguren la supervivencia.
Vivimos en un planeta constituido en un 71% de agua. Los mamíferos estamos hechos, por lo menos, de un 70% de agua. Para sobrevivir debemos tener agua, y no estoy hablando de beber agua.
Sólo dos clases de alimentos que crecen en este planeta tienen un altísimo contenido acuoso y responden a esta exigencia del cuerpo: las frutas y las verduras. Cualquier otra cosa que comamos es un alimento concentrado. Concentrado significa que el contenido de agua le ha sido retirado, ya sea mediante la cocción u otro procesamiento. No digo que haya que comer exclusivamente frutas y verduras, sino que, dado el alto porciento de agua en nuestro cuerpo, debemos ajustarnos a una dieta que contenga aproximadamente el 70% de agua. El otro 30% estará integrado por los alimentos concentrados: pan, granos, carne, productos lácteos, legumbres, etc.
Hay dos razones sumamente importantes para que necesitemos agua, y son las mismas por las cuales no basta con beber agua: la nutrición y la limpieza del organismo. El agua transporta hacia todas las células las sustancias nutritivas contenidas en los alimentos y, además, las limpia de los desechos tóxicos.
Todas las exigencias nutricionales del cuerpo humano —vitaminas, minerales, proteínas, aminoácidos, enzimas, carbohidratos y ácidos grasos que existen y que el cuerpo humano necesita para sobrevivir— se hallan en las frutas y en las verduras. Las sustancias que las satisfacen son transportadas, gracias al agua contenida en esas frutas y verduras, al intestino, donde son absorbidas. Quien coma alimentos con alto contenido de agua estará satisfaciendo todas las
exigencias del cuerpo humano. Y las vitaminas y minerales que son aprovechables para el cuerpo humano, se encuentran en abundancia en huertas y jardines, no en las farmacias.
Además de aportar sustancias nutritivas al cuerpo, esta agua desempeña una función esencial: depurar de desechos al cuerpo.
La única cosa que no lavamos ni limpiamos con regularidad es el interior de nuestro cuerpo. Comemos y vivimos de tal manera que no permitimos jamás una limpieza del interior del cuerpo; por eso en Estados Unidos hay un 60% de la población que padece de exceso de peso, lo que contribuye a que tres de cada cuatro norteamericanos llegue, en algún momento de su vida, a ser víctima del cáncer o de alguna enfermedad cardiaca.
Durante décadas, DURANTE LA VIDA ENTERA, jamás se hace lo necesario para expulsar del cuerpo los desechos tóxicos, y la única manera de hacerlo es consumiendo alimentos que tengan un elevado contenido de agua. Bebiendo agua no se conseguirá, pues no es portadora de las enzimas y de otros elementos indispensables para la vida, y que el cuerpo necesita y encuentra en el agua contenida en frutas y verduras. LOS TRES CICLOS DE NUESTRO CUERPO FUNCIONAN CON LA MAYOR FACILIDAD CUANDO SE LES PROPORCIONA REGULARMENTE ESTA CLASE DE AGUA.
Antes de cada comida, mire al plato y pregúntese si lo que va a ingerir está compuesto predominantemente de frutas y verduras. Se trata de preguntarnos si lo que vamos a comer va a limpiarnos (desintoxicarnos) o a obstruirnos.
Si en Estados Unidos se hacen todos los años 200 000 operaciones cardiacas de by-pass, ¡es porque la gente tiene las arterias obstruidas! Debemos colaborar con nuestro cuerpo en vez de trabajar en su contra, y la manera perfecta de hacerlo es depurarlo en vez de obstruirlo.
Somos prisioneros de nuestras papilas gustativas. Si hay algo que
nos podamos meter en la boca y que sepa bien, nos lo comemos sin pensarlo dos veces. La única exigencia que tenemos respeto de la comida es que sea sabrosa. Si consideramos la superficie minúscula que ocupan las papilas gustativas, y luego echamos un vistazo al resto del cuerpo «que es el que tiene que arreglárselas con la comida que le gusta a las papilas), no podremos menos que asombrarnos de que la gente preste tanta atención a una parte tan pequeña del cuerpo y descuide una mucho más grande.
No quiero dar a entender que debamos comer sin que encontremos placer en la comida. Podemos comer cosas que son fantásticamente sabrosas, y que al mismo tiempo satisfagan las necesidades de nuestro cuerpo.
Con frutas y verduras se puede hacer mucho más de lo que la gente se imagina.
SI QUIERES ESTAR VIBRANTE Y VIGOROSAMENTE VIVO, Y EN LA MEJOR FORMA POSIBLE, TIENES QUE COMER ALIMENTOS VIVOS. ¡Un cuerpo vivo se construye con alimentos vivos! Y los alimentos vivos son los que tienen un alto contenido de agua, si no, no están vivos.
¿Quién ha visto jamás un tigre o una pantera en estado natural gordo? ¿Quién ha visto en la naturaleza animales que hayan perdido sus dientes y necesiten dentadura postiza para comer, o que lleven audífonos o usen gafas, que usen peluca porque se han quedado calvos o necesiten un marcapasos para reforzar el corazón o un aparato de diálisis para los riñones? ¿Quién oyó jamás hablar de que anualmente se muera un millón de animales de enfermedades cardiaca
s, o medio millón de cáncer? ¿O de que haya miles muriéndose de diabetes? ¡Nadie! En parte, esto se debe a que los animales en estado natural sólo sobreviven si comen bien y se mantienen en forma. En caso contrario, el proceso de supervivencia de los más aptos los mataría. Pero en su mayor parte, los animales en estado salvaje son magníficamente sanos, en comparación con la salud que se observa entre nosotros, los humanos. Y, además, no están excedidos de peso.
Si nos comparamos con los otros mamíferos, vemos que los que viven en estado natural comen alimentos vivos con muy alto contenido de agua. Nada que se haya visto despojado de agua por la cocción u otro procesamiento. Hasta los que son exclusivamente carnívoros están consumiendo alimentos de alto contenido de agua. Además, los animales carnívoros no comen otros animales carnívoros, sino animales que se alimentan de plantas y de frutas, porque eso es lo que necesitan todos los animales; tienen que tomar su alimento del reino vegetal.
La importancia que tiene la manera de comer quedará ejemplificada por las palabras de una persona que durante más de medio siglo ha estado estudiando estos principios. El doctor Norman W. Walker tiene más de 116 años . Vive en Arizona, cultiva sus propias verduras y todavía sigue escribiendo libros. Nadie lo pasea en una silla de ruedas ni le da de comer en la boca puré de plátanos. Es completamente independiente. ¿Cuál es la clave de su salud y su longevidad? En su libro más reciente, «Control natural del peso», el doctor Walker dice: «Cualquier planta, verdura, fruta, nuez o semilla cruda, en su estado natural, está compuesta de átomos y moléculas. Dentro de esos átomos y esas moléculas residen los elementos vitamínicos a los que llamamos enzimas. Las enzimas no son cosas ni sustancias. Son el principio vital que existe en los átomos y moléculas de toda célula viva.
«Las enzimas que hay en las células del cuerpo humano son exactamente como las existentes en la vegetación, y cada uno de los átomos del cuerpo humano tiene su correspondiente afinidad con los átomos semejantes en la vegetación. Por consiguiente, cuando son necesarios ciertos átomos para reconstruir o reemplazar células del cuerpo, entrará en juego una acción de tipo magnético que atraerá hacia las células correspondientes de nuestro cuerpo el tipo y género exacto de elementos atómicos que hay en los alimentos crudos que consumimos.
«De acuerdo con ello, cada célula de nuestra estructura corporal y cada célula de los alimentos naturales contienen y están animadas por la vida silenciosa conocida con el nombre de enzimas. Sin embargo, esta atracción de tipo magnético sólo se encuentra en las moléculas vivas. Las enzimas son sensibles a las temperaturas superiores a los 54° C, por encima de la cual mueren. Cualquier comida que haya sido cocida a temperaturas superiores a ésta ha sido sometida a la sentencia de muerte de sus enzimas y no es más que alimento muerto.
«Naturalmente, la materia muerta no puede efectuar el trabajo de los organismos vivos. Por consiguiente, los alimentos que han sido sometidos a estas temperaturas han perdido su valor de nutrición viva. Por más que puedan sostener la vida en el organismo humano, y de hecho es así, lo hacen a expensas de una degeneración progresiva de la salud, la energía y la vitalidad».
Walker, a los 116 años, es un hombre vibrante y activo. Yo prestaría atención a lo que dice.
En 1980, el Los Angeles Times y el World News publicaron artículos referentes a un hombre, Wu Yunqing, que vive en China, y que aparecía fotografiado a los 142 años, andando en bicicleta.
Cuando le preguntaron por su dieta, contestó: «Como maíz, arroz, bagatas, frutas y verduras».
En enero de 1973, la National Geographic Magazine traía un relato del doctor Alexander Leaf, un científico que había salido en busca de las personas más viejas del mundo. Descubrió que los tres pueblos donde había más casos de longevidad eran los abjazianos de Rusia, los vilcabambanos de Ecuador y los hunzukut de Paquistán. Además de no encontrar ni un signo de obesidad entre los dos últimos, y muy escasos entre los primeros, descubrió que eran todos pueblos sorprendentemente libres de enfermedades. ¡No conocían el cáncer ni las afecciones cardiacas! Además, la mayoría de ellos vivían más de cien años, manteniéndose físicamente muy activos. La investigación de los hábitos dietéticos de estos pueblos que emprendió el doctor Leaf, indica que los abjazianos comen aproximadamente un 70 porciento de alimentos con alto contenido de agua, y los otros dos grupos, más de un 80 porciento. Tanto él como muchos gerontólogos se quedaron pasmados al tener conocimiento de la existencia de estos pueblos y de su estupenda longevidad.
El consumo de agua debe ser de agua destilada, si se consigue. El agua de vertientes no es la ideal para el cuerpo humano porque contiene minerales inorgánicos que nuestro cuerpo no puede usar ni expulsar. Estos minerales inorgánicos tienden a combinarse con el colesterol en el sistema y a formar una gruesa placa en las arterias. El agua destilada no tiene este efecto. Cuando comemos un trozo de fruta o una verdura, estamos consumiendo agua destilada. La planta destila los minerales tomados del suelo, y después nosotros los consumimos.
Tomar agua con las comidas ejerce un efecto debilitante. Muchas personas beben agua mientras comen. No es una buena práctica porque, en el estómago hay jugos digestivos que están actuando sobre la comida. Si al comer se bebe agua, se diluyen estos jugos y se impide una correcta digestión de los alimentos. Además, se obstruye muchísimo tanto el ciclo de apropiación como el de asimilación, lo que a su vez afecta negativamente al importantísimo ciclo de eliminación, al mismo tiempo que se desperdicia muchísima energía. (CONTINUARÁ)